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lunes, 3 de agosto de 2009

Del otro lado del mostrador...

Una y mil veces nos quejamos (y nos quejaremos) de los ex pero realmente, ¿cuántas veces reconocieron qué clase de ex son ustedes mismos?


Fui y soy todo tipo de ex:

A Novio uno: lo he dejado con culpa.

A Novio dos: lo he dejado sin culpa.

A Novio tres: lo he dejado irse tranquilo, me banqué la derrota con dignidad.

A Novio cuatro: merece post aparte.


Isadora es la primera en romper el hielo y ponerse del otro lado. "Yo fui la peor ex" dice sin ponerse colorada... A ver quién se anima a seguir confesando.



Yo soy y fui la peor ex. Yo fui la ex que todas las mujeres odiarían que su pareja tenga en su historial. Yo fui la ex que llamaba a cualquier hora en evidente estado etílico, la que lo buscaba, a quien él veía fin de semana de por medio.


- Sí, querida, era por mí que se iba temprano de tu casa.

- Sí querida, a mí me iba a buscar cuando abandonaba el boliche temprano.

- Sí, querida, a mí era a quién le mandaba mensajes.

- No, querida, no era Menganito quien lo bancaba triste y ofuscado; era yo, siempre yo.


Yo fui la ex implacable y nada lograron las mujercitas hacer conmigo, era la eterna latente.


Fui loca, puta, dulce, contenedora, sabia consejera, amiga, multifacética…durante casi dos años. Dos años en el que mi título era mi identidad, yo no era Isadora para el entorno de tu amado, yo era LA ex de la historia sin fin, LA ex de The Ex. LA ex, punto final (para el resto).

La ex de su vida.


Hoy, me río de mi. Me río fuerte y sostenido de la que fui, pero yo lo sé: Yo fui, señoras, la peor de todas.



Aprovecho para agradecer a Yo, la que olvidaste por este hermoso premio.

Y espero sus historias en: capitanitadelespacio@gmail.com

martes, 14 de abril de 2009

Campaña Nacional: indemnización para los solteros

Antes de muchacho tuve cuatro novios formales. ¿El resto?: relleno; chongo; outlet; decoración; amigos con derechos; compañía virtual; casado con ganas de jugársela pero frenado a tiempo; "noviecito" de turno para ir al cine y escuchar palabras lindas; tranza; coqueteo levanta ego; histéricos que cayeron cuando ya era tarde; músicos; futbolistas y así puedo seguir catalogando por horas. Pero por alguna particularidad, ninguno de ellos prosperó en una relación. O yo no estaba lista, o volvía con mi ex y los dejaba enojados por el desplante o bien, desaparecían sin muchas explicaciones y como si la tierra se los hubiese tragado no los veía más.

De esos cuatro novios formales puedo hablar otras tantas horas. Los cuatro ingresaron a mi casa, conocieron a mi familia y yo conocí a las suyas. Con los cuatro compartí vacaciones y fines de semana de encierro o paseo. A los cuatro creí amarlos, aunque ahora sienta que no fue tan así. De los cuatro tengo cosas buenas y malas para decir pero hay algo más importante que los une: de ninguno de los cuatro cobré indemnización por el tiempo invertido, por la paciencia y por los desplantes, algo que debe convertirse en ley y que yo misma voy a promover.

Repasemos...

El primero fue mi novio de toda la secundaria pero nunca le guardé demasiada fidelidad, por lo que sólo puedo contar un año y medio de relación medianamente estable. Él podría pedir que yo le pague a él por todas las veces que lo hice llorar pero tengo argumentos para desestimar el pedido: lo mantuve todo el noviazgo porque el señor no quería trabajar. Mientras yo lloraba porque trabajaba en un bar donde me maltrataban, el señor dormía hasta las 12 del mediodía y desechaba todas las entrevistas porque le parecían poco para él que a los 18 años se creía capacitado para ser gerente de un banco. Las únicas dos salidas que pagó de su bolsillo fueron al cine y vimos: Godzila y Cohen versus Rosi. Lo recuerdo porque fue lo único que pagó en su vida. Ah eso y un osito de peluche que me dio para un aniversario porque el resto de los regalos eran usados (como por ejemplo una camiseta de Boca que le quedaba chica).

Indemnización leve, por daños morales a su persona.



El segundo es el famoso hincha de Racing de quien ya he hablado eneste post de Capitana. Un grasa descomunal que durante dos años no me llevó a pasear nunca porque quería ahorrar para comprar el club (sí leyeron bien: quería comprar Racing ), me alejó de todos mis amigos y ejerció la peor de las violencias, la psicológica. Pero lo peor de todo es que siempre me quedó la sensación de que me engañó con su ex novia, una chiquita que vendía pochoclos en la puerta de Carrefour de Quilmes. Si la llegaran a ver se mueren, desagradable es poco y encima después volvió a darme un beso. Me tengo que matar... Una vez me regaló un anillo de compromiso que en la última discusión quedó en el fondo del Río de la Plata, así que ni siquiera me quedé con eso.

Indemnización altísima, por pésimos tratos, por engaño y encima por mal gusto.


Novio tres era mi gran amigo, mi confidente, el que más me ayudó a crecer y jamás estuvo en los planes pero la soledad hizo que un día pasemos la barrera y probemos si esa química podía convertirse en algo más. Fue un año divertidísimo donde hicimos de todo, incluso con poca plata. Todos los fines de semana de paseo, conocí mil lugares y me reí mucho. Un día vino con la idea de casarnos y yo, que creí infartarme, hice todo lo posible por arruinar la relación, la autoboicoteadora en su etapa más plena revisó casillas de mail, celulares, billetera y todo lo que estuviera al alcance para demostrarse que él seguía amando a su ex... Y así fue como logré descubrirlo pero también conseguí cansarlo a él que me mandó a volar. Al año y medio se casó pero no con su ex, sino con una chica que supongo debe ser más normal que yo.

Acá creo que yo debo indemnizarlo a él por enferma... mejor no ponemos tarifa.


Novio cuatro, mi ex. Seis años invertidos en una relación que desde el minuto uno ya sabía no prosperaría, distintos estilos de vida, distintos proyectos, distintos modelos de pareja, distintos tiempos, distintas ganas, sólo nos unía un gran amor medio místico. Por más que cerrara los ojos y haga el esfuerzo desde el deseo, jamás me pude ver con un vestido blanco dando el sí. Durísimo, como lo fue la primera vez que me dijo te amo y se retractó al otro día alegando exceso de alcohol (sí, parecidíisimo al capítulo de La Niñera en que el señor Sheffield le pide matrimonio porque creía que se iban a morir y luego se retracta). Lo mismo me hizo tres años después cuando se confesó más enamorado que nunca y me propuso vivir juntos para a los dos meses decirme: "Perdoname, me dejé llevar por el buen momento de la relación pero mejor no". O la vez que habíamos cortado y a la semana lo llamo para contarle que tenia ataques de pánico, que estaba sola en la calle, que me hable porque me desmayaba y me cortó para rematarla con un: "Llamá a tus amigas, yo no estoy más". O su cumpleaños del año pasado que prefería pasarlo con sus compañeros de facultad antes que conmigo y terminó haciéndolo por obligación... y puedo seguir.

Indemnización fuerte, por abandono de persona, por promesas incumplidas, por años invertidos y por romperme el corazón.


Si cuando una pareja que está casada se separa se distribuyen los bienes y el hombre le pasa una mensualidad a la mujer para que se vaya de shopping, se ponga lolas y no caiga en una depresión, ¿por qué yo me fui de todos lados con las manos vacías y pocas ganas de volver a empezar?



Exijo indemnización para las desiluciones amorosas así no se haya pasado por un Registro Civil... ¿o acaso por eso es menos importante la relación; o menos dolorosa? Y qué dicen, ¿juntamos firmas?