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jueves, 28 de octubre de 2010

La cenicienta, version moderna y real...

Podría ser el guión de una película de suspenso pero lamentablemente, es una historia real. Carolina, intentando dejar atrás fantasmas, comparte con nosotros el momento más triste de su vida.


A los 18 años me puse de novia, y tal vez esto parezca una historia de pendeja que te está contando que tuvo un novio un año y la dejó, pero esto es un poco más complejo. Si bien a los 18 años me puse de novia, con una persona más joven que yo, pasado un año decidimos vivir juntos.

Y si. Una persona menor de 18 años no te puede dar nada, pero yo nada tenía tampoco en ese entonces, vivía en una casa donde los problemas eran descargados a mi, dormía poco y nada, iba a una escuela doble turno, ya nunca tenía paz, sólo cuando iba a ver a mi novio a 150 km de distancia (un colectivo, un tren, un subte y un micro y 6 cuadras de distancia) tenía paz. Él era el amor de mi vida, el amor de una adolescente llena de pesares.

Su madre me quería mucho, siempre decía que le hubiera encantado que sus dos hijas (menores que él) fueran así de educadas. Decía que ellas eran un poco malas por la falta de su padre, un marido golpeador que fue desterrado por su mujer, y que ella no imponía disciplina porque había erradicado la violencia de la casa. Esta mujer me invitó a quedarme a vivir con ellos. Dijo que no hacía falta que le diera nada, sólo que trajera mis cosas y lo único que pedía a cambio era que no permitiera que su hijo dejara la escuela, pues este era muy inteligente pero tenía algunos problemas para cumplir (una señal que yo debí haber visto), que ayudara a que él cumpliera con la escuela y que siguiera fomentando sus dotes de escritor con un segundo libro publicado por él.

Entonces una mañana me fui de casa sin decir nada. Junté mi vida en un bolso verde mediano deseando salir sin ser escuchada, lágrimas de por medio sabiendo que nunca me iban a perdonar esto mis viejos, mirando mi triste habitación que compartía con mi hermano y pensando en él, ese "hombre" que me amaba y me juraba amor eterno, una casa feliz, una vida mejor, mucho amor y mucho cariño. Y así fueron las primeras 8 semanas.

Vivíamos con él en el garage, que estaba ambientado como una habitación. Yo ayudaba en la casa mientras buscaba un trabajo e iba a la escuela, mi suegra al comienzo decía "gracias" y él al comienzo hacia las cosas a la par mío. Mis cuñadas no me hablaban, pero yo entendía que era una extraña en su casa. Pero con el tiempo las cosas fueron cambiando. Mi suegra empezó a pedir más y más favores, y pronto los favores fueron órdenes. Mi novio se transformó en la fiel imagen de su padre, la que me relataron, y luego de unos cuantos meses empezaron las peleas a la madrugada, como a esta hora. Siempre a las 3. Y pasaba el tiempo y los golpes se volvían más fuertes, primero eran cachetadas, luego piñas, luego patadas, y siempre mucha sangre y muchos moretones.

Tras de eso, el único trabajo que pude conseguir fue limpiando la casa de una señora, la cual a veces me tenía todo el día lavando y limpiando y me mandaba a casa a las 21.30 con $10 en el bolsillo y mucho cansancio.

La plata que juntaba me servía para aportar algo y comprarme ropa, ropa que me duraba semanas y luego aparecía manchada con lavandina o cortada con rabiosos tijeretazos. Y por más que yo me quejara nunca eran castigadas las culpables.

Y así estuve un año entero, viviendo en una casa sintiéndome cada día que pasaba una pobre negra de mierda que trajeron para limpiar. Mi suegra me extorsionaba diciendo que después de todo yo no tenía a donde ir, y era cierto. Yo me había ido de casa y lo sabía bien. A veces lloraba de noche, en la oscuridad de un triste garage, tratando de ahogar lo más posible el llanto porque al lado mío dormía la persona que yo amaba, la persona que me miraba a los ojos y me decía "te amo" y la que en noches como esta y a esta hora, si me escuchaba llorar me levantaba de los pelos y me tiraba al piso para patearme y escupirme.

El tiempo fue pasando, en resumen de muchas cosas, y un día llegó diciembre. Un 19 de diciembre yo tenía pasajes para venir a pasar año nuevo en casa con mi familia. Me había animado a pedirle a mi vieja perdón por haberme ido y permiso para compartir con mi familia un brindis ese 31. Iba a viajar el 28 temprano junto con él, íbamos los dos a pasar unos días en compañía de mis viejos y mi hermano y luego volveríamos a su casa. Pero ese 19 se terminó de pudrir todo.

Yo había comprado ropa con todo el esfuerzo del mundo, me había comprado un pantalón y una remera que pensaba estrenar en las fiestas, y ambas prendas aparecieron rotas en pedazos. Y yo le exigí a él explicaciones, pensando que alguna vez iba a defenderme de la hijaputez de sus hermanas y el desinterés de su madre. Nos peleamos. Y yo fui a llorar al lavadero que estaba junto al garage, entre el llanto y la bronca, las risas lejanas de mis cuñadas y en mis oídos un "negrademierda, negrademierda, negrademierda..." le di un manotazo a un vidrio de la puerta. El vidrio estalló en mi mano y me cortó la palma.

pegar con un palo de escobas y No recuerdo bien lo que pasó después, sólo recuerdo a mi suegra insultándome y queriendomegritándome "yegua, negra de mierda, puta, loca, enferma" y a él ahí, mudo, mirándome sin decir nada. Ella seguía gritándome y esta vez si, golpeándome con ese palo maldito. Yo rogándole que ya no me pegue más y me escuche, mi mano seguía sangrando más. Lo único que pensaba en ese momento era en un médico, quería que me parara de sangrar la mano y pensaba que iba a hacer ahora, porque ella no me iba a dejar quedarme una noche más y yo recién volvería en 9 días a ver a mi madre. ¿qué iba a hacer durante 9 días? No tenía amigas, no conocía a nadie más que ellos. Y ahí estaba él, mirándome.

Ella se negó a llevarme al médico ya que decía que en el hospital harían una denuncia por violencia familiar. Para evitar que yo me fuera sola en la noche cerró el portón de la calle con llave. Yo me fui al garage a buscar restos de ropa para ponerme en la mano, mi remera nueva color rojo sirvió muy bien. Apreté fuerte en la herida y me senté a pensar.

Él me mataría en la noche, a las 3 de la mañana mientras todos estén durmiendo, y yo tenía muchísimo miedo ya que no podría defenderme sola. Él odiaba mi llanto y siempre sospeché que le gustaba mucho tener razones para pegar.

Escuché la conversación que tuvieron él y su madre. Parecía una conversación de mafiosos, planificando qué harían conmigo como si yo fuese un testigo de asesinato. Arreglaron que yo me quedaría hasta el día 28 en su casa pero sin salir a ningún lado, para que los vecinos no vean que me lastimé ni pregunten cómo había pasado, y luego del 28 no volvería nunca más.

Y así fue. Me quedé esos 9 días en esa casa. Esa noche me acosté a dormir y mi mano empezó a doler como si me estuvieran arrancando la vida por la palma. Él durmió a mi lado mirando hacia el otro lado, me dijo que no le hablara y que no quería escucharme llorar, juró por dios y por su puta madre que si yo habría la boca me mataría. Yo lloré a las 3. Me arrodilló y me pegó un rodillazo en la boca.

Así pasé la Navidad. Comí pollo de delivery con un nudo en la garganta imaginándome qué me dirían en mi casa. Esos días, tanto los 9 días de espera con una mano lastimada, con el miedo de llorar de noche, con los golpes, con los moretones, fueron los días más amargos que viví. Así como toda esa estadía en una casa donde el amor era un decorado para la visita. Luego de los 9 días de espera volví a la casa de mis papás, incluso con la compañía de él, el cual no quería que viniera sola.

Una semana después él se fue y yo me quedé. Nunca más lo volví a ver.

jueves, 17 de junio de 2010

Qué te llegue tu merecido...

Mientras huecas como Victoria Vanucci se ríen de las mujeres golpeadas en la tapa de una revista, muchas mujeres conviven con el infierno de la violencia familiar. Y como este blog se trata sobre exterminar a los ex, éste lo amerita más que el resto. Con ustedes, la historia de Carlita, una chica valiente que lucha a diario para librarse de su cruz.


Todo empezó más o menos hace un año, mi ex y yo trabábamos juntos, después de tirarme onda, mantuvimos una charla y ahí empezó la historia. ¿Para qué me pregunto hoy?...

Todo parecía maravilloso, salvo que al principio seguía con su ex novia, entonces yo fui una estúpida, pero al cortar con ella por mí, según él, éramos la pareja más linda que nadie haya visto. Aunque las cosas dentro no eran normales, debí verlo.

Un día tuvo un ataque de celos, me encerró en el baño y me insultó de arriba a abajo, lastimándome con sus palabras. La relación siguió su curso como si nada, yo seguía siendo más estúpida todavía. Lo peor comenzó unos meses más tarde cuando, a los seis meses de relación, nos peleamos muy mal y hubo insultos y agresiones físicas de por medio, celulares estrellados y peleas con mi familia.

Nunca imaginé vivir semejante infierno y aunque quizás fue culpa mía nunca busqué semejante relación. Empecé a ir al psicólogo al darme cuenta que la persona que había en el espejo no era yo misma y quería recuperarme, obviamente él siempre me ponía trabas. Nuestra relación nunca terminaba porque por alguna razón le creía, hasta que un día todo se desmoronó, me dí cuenta que nunca le había importado mi vida y mucho menos nuestra relación, que me había alejado de todos mis seres queridos en el término de meses y que pretendía que mi familia me dejara en la calle con tal de ser el único que pudiera ayudarme y convertirse así en mi príncipe azul.

Me doy cuenta que fue culpa mía haber mantenido una venda en mis ojos por casi un año, pero nunca fue mi intención sentirme así, nunca fue mi intención sentirme al borde de la muerte porque la situación era insostenible, las pocas ganas de vivir me ganaban de mano, no veía esperanza en nada, lo más triste que ni siquiera la veía en los ojos de mi hija de 6 años que estaban cansados de verme llorar y creo que vislumbraban mi desesperación aunque sin entenderla.

Me dí cuenta que lo valioso lo tenía en casa, que él era una persona que aunque tenga que verlo a diario dentro de poco tiempo cuando él vuelva al trabajo, debería ponerme fuerte y sentirme lista para que la fuerza que me dieron mis seres queridos no permitan que alguna vez se vuelva a acercar a mí, mucho menos se atreva a hacerme daño.

Y ojalá sea como dicen que todo vuelve. Que él logre sentir lo que yo sentí a causa suya, que se vea miserable, acorralado y sienta que no vale nada. Quizás así logre darse cuenta que la vida es hermosa, pero él es pobre, porque no tiene gente que le de fuerzas como a mí, entonces esa será la venganza, no mía sino de la vida...